Cuando la tierra arde

Del 17 de enero al 5 de febrero Chile padeció el incendio forestal más grande de los últimos 50 años. Durante esos días, la autora recorrió las zonas más afectadas por las llamas y vio la catástrofe convertirse en lo cotidiano.
Por Daniela Sánchez (Texto y fotografía)

 

“Nunca antes había visto algo como esto”, fue una de las frases que más escuché en mi viaje por las regiones de O’Higgins y Maule (VI y VII respectivamente) durante la última semana de enero. En ese momento, hacía dos semanas que varios incendios forestales afectaban la zona centro sur de Chile y, para la desolación de los chilenos, no parecían terminar.

Desde el 17 de enero al 5 de febrero, en sólo 19 días, se llegaron a contabilizar 120 incendios simultáneos en seis regiones del país. Según cifras de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), se afectaron aproximadamente 467 mil 536 hectáreas sólo en las regiones de O’Higgins, Maule y Biobío, aunque también se detectaron incendios en Valparaíso, Región Metropolitana y La Araucanía.

Fue en enero que comenzó el fuego en los cerros de Valparaíso y afectó a más de 200 personas. Pasó un poco más de una semana cuando un segundo incendio, esta vez forestal, se inició en la región de O’Higgins, por los alrededores de la comuna de Pumanque. Sólo allí, en el llamado “punto cero” del segundo incendio forestal más grande de los últimos 50 años en Chile, se consumieron cerca de 40 mil hectáreas, entre bosques y terreno de cultivo.

La magnitud de la catástrofe generó sospecha en la población, los rumores y noticias falsas se propagaron como el mismo fuego. En redes sociales se decía que los causantes de la tragedia podrían ser mapuches y migrantes. Pero fue el Fiscal Nacional, Jorge Abott, quien desmintió esta información y anunció una investigación al respecto para evitar noticias que “provocan alarma en la población”.

Las causas que dieron origen a este infierno aún no se han podido comprobar, aunque ya se ha identificado a un posible responsable, que será formalizado el 20 de marzo: el subgerente técnico de la compañía de energía eléctrica CGE, de la región de O’Higgins. Se presume que el tendido eléctrico que se encontraba en el fundo San José Nilahue Barahona no habría tenido la mantención necesaria y que ello podría haber dado origen al incendio del 17 de enero en Pumanque.

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El jueves 26 de enero viajé a Cauquenes, en la VII región hacia un incendio que —según la televisión— había adquirido dimensiones insospechadas. Sentía que la situación me superaba.

La Ruta 5 Sur se veía tranquila. Bajamos en una estación de servicio en las afueras de Santiago. El humo me recibió como una cachetada. Entendí por qué muchos de los veraneantes, que compraban comida y agua, se tapaban la nariz. El cielo estaba cubierto y el sol se había convertido en un círculo rojo ardiente.

A la altura de Constitución la nube gris se apoderó del horizonte. Los cerros, que normalmente se apiñan a la orilla del camino, se desvanecieron. De los autos que venían en la dirección contraria sólo se podían ver sus luces. Un par de kilómetros más adelante, y cerca de la hora del ocaso, el humo era de un amarillo brillante. Saqué una mano por la ventana: viento caliente, como nunca antes había sentido. Me asusté. Sentía el desastre sin siquiera verlo.

No vi llamas. Vi la catástrofe transformarse en lo cotidiano: personas paseando, niños comprando dulces, hombres retornando a sus casas en bicicleta, una familia esperando el colectivo. Todos con mascarillas.

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Entre el 30 de enero y el 3 de febrero, como corresponsal de un medio chileno, recorrí Marchigüe, San Miguel de las Palmas, Santa Cruz, Talca, Colin, Cauquenes, Coronel de Maule. Pumanque fue el último destino, una ciudad a un poco más de 80 kilómetros del balneario de Pichilemu, en la VI región. Ya habían pasado dos semanas desde el inicio del incendio y, aunque el fuego se había extinguido, el aire aún enrarecido era prueba de lo reciente de los hechos.

La ciudad es pequeña, silenciosa. Las calles estaban vacías y de vez en cuando un soldado caminaba hasta el negocio de la esquina para comprar un refresco. Una escuela funcionaba como centro de acopio, en donde se acumulaban las donaciones de ropa. Una funcionaria municipal me comentó que preferían que la gente eligiera las prendas. Pero los montones de poleras, faldas y pantalones estaban casi intactos.

Los caminos de los alrededores de Pumanque son sinuosos. Suben y bajan por cerros que antes del incendio fueron verdes, con pinos, eucaliptos, parras y árboles nativos. Pero que ahora son negros, grises, incluso blancos. La ceniza aún permanece desde que cesó el fuego y los árboles parecen petrificados, sacados de una estación sin brote. El olor a humo persiste y molesta, el paisaje no tiene nombre: ni la más triste de las descripciones podría revelar la melancolía de ese cementerio.

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El fuego no alcanzó la ciudad. Pero sí recorrió los cerros, esos que se multiplican en esta zona de Chile, en donde viven personas alejadas unas de otras, en medio del campo y de las plantaciones. Una de ellas era la de Sonia Díaz, en el sector de La Gloria, a 30 minutos de Pumanque. A pesar de que era la que estaba más lejos, en la cima de uno de esos cerros, las llamas del fuego no la tocaron.

La casa de Sonia —la original— se derrumbó en el terremoto de 2010 y el Gobierno le construyó una vivienda de emergencia que no se quemó con el incendio que devoró todo su terreno. El fuego pasó por alrededor, sin tocarla. En cambio, sí quemó su taller y un galpón, donde tenía lombricultura y animales.

Sonia se dirige hasta una plataforma de cemento que se encuentra en la mitad del terreno e indica dónde estaba cada objeto, como si estuviera viendo la lavadora, la lana, la máquina para hilar, el baño. El lugar donde guardaba todo el material y herramientas para hacer tejidos a telar. Se emociona cuando piensa en los tesoros que desaparecieron.

Camina dando grandes pasos y muestra los daños que le generó el incendio. Reconoce que si no fuera porque participa en cada actividad que hay en Pumanque no se habría salvado. Unos brigadistas de la Conaf subieron hasta su terreno para avisarle que el fuego venía en esa dirección y que debía dejar su casa. Su primera reacción fue quedarse para salvarla, pero no la dejaron. Las llamas la hubieran alcanzado.

 

Ruta hacia Cauquenes Pumanque 3 Incendio en las afueras de Cauquenes Lago Vichuquén
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LAGO VICHUQUÉN (VII región) - Durante el verano, el Lago Vichuquén suele ser un lugar muy turístico al que llegan actrices, animadores de televisión y futbolistas. Esta vez fue una excepción: el humo y la ceniza opacaron el glamour del lugar, transformándolo una ciudad fantasma.