Curar a Venezuela

Isabella Picón es venezolana y politóloga egresada de la Universidad de Northwestern (EE.UU.). Hoy se enfrentó a la represión de las fuerzas de seguridad de su país. Esto es lo que vivió.
Por Isabella Picón (Texto y fotografía)

Hoy un funcionario de la Fuerza Armada mató a Juan Pernalete en Altamira, a unas cuantas cuadras de donde vivo desde los nueve años. Cualquier otra historia parece ridícula al lado de eso: tener 20 años y morir por el impacto de una bomba lacrimógena en el pecho. Pero esto es lo que viví hoy y quiero contarlo.

Juan Pernalete

Llegué tarde a la protesta. Hice lo de siempre: estar, gritar, motivar, grabar y auxiliar a personas que lo necesitaban echándoles spray de agua con bicarbonato. Quedábamos como 200 personas cerca de la bomba de gasolina (estación de servicio) PDVSA en la misma calle de la Iglesia Nuestra Señora de Las Mercedes. De repente todos comenzaron a correr hacia la Iglesia. Junto con un grupo de personas, nos quedamos un poco rezagados y vimos pasar a la Policía Nacional Bolivariana (PNB) persiguiendo a los demás que huían hacia Valle Arriba.

Nos escondimos detrás de unas plantas. Entonces salí antes de tiempo con las manos arriba en son de paz en vez de quedarme escondida. No estaba haciendo nada malo. Craso error. Me pararon varios efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) para revisarme. Uno de ellos me quitó mis anteojos del bolsillo delantero de mis jeans. Los puso en el piso y los pisó, los partió con saña. Mientras, otro me revisaba el bolso: sacó mi protector solar y me lo escurrió encima con odio, me dijo “guarimbera” (término venezolano que hace referencia a las personas que cortan calles a modo de protesta). Me quitó las llaves de mi auto y de mi casa y no me las devolvió.

A otros también los vejaron, la PNB les robó celulares, motos, les quitaron sus llaves, les tiraron bombas de gas y les echaron gas pimienta. Muchos solo estaban ahí. Otros estábamos rezagados.

Varios en el grupo nos quedamos incrédulos y nos acercamos luego a los PNB para que nos devolvieran las cosas. Uno, haciéndose el cómico, me respondió que fuera a “Óptica Caroní”. Otro más agresivo me gritó que me fuera y cuando no lo hice me sacó el gas pimienta, entonces me marché, resignada, mientras el resto de los PNB se burlaban.

A mi hermano el otro día le lanzaron una bomba lacrimógena a quema ropa y la esquivó. A un amigo le tuvieron que poner seis puntos porque al caer al suelo una bomba, un pedazo le saltó a la cara.

Uno quiere creer que seremos capaces de reconciliarnos.

Pero admito que no sé si estos tipos que reprimen de esta forma tienen remedio y eso que yo soy una persona que no pierde fe en la gente. Mi intuición me dice que hay mucha ideologización y lavado de cerebro en la FANB y PNB pero que en el caso de la PNB algunos son colectivos paramilitares uniformados. Porque el comportamiento de algunos es pasivo o cómplice y el de otros netamente agresivo, son menos pero en muchas situaciones llevan la voz cantante. Igual, ¿cuál es la diferencia? Son venezolanos y algo hay que hacer con ellos distinto a la matanza.

Me pregunto qué vamos a hacer con unos tipos que tienen tanto odio, que atacan de esta forma. ¿Cómo se reeduca a un país? ¿A una Fuerza Armada? ¿Cómo restauramos la confianza? Tiene que haber una respuesta distinta a la violencia y a la impunidad y que nos cure de tanta injusticia. Hay que seguir persistiendo en una respuesta que nos cure a todos. O al menos a los que queremos curarnos.

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