“Se van sobre mi cadáver”

Faitha Nahmens es periodista y a través de Facebook nos compartió este relato que –en medio de la violencia que aqueja a Venezuela– logra mostrar otra mirada, la de la solidaridad y unión del pueblo venezolano.
Por Faitha Nahmens 

Eran como 20, y la decisión de ella fue dejarlos entrar y cobijarlos. Jóvenes con las franelas cubriéndoles la nariz, el torso vestido del consabido rosario, uno con un pie lesionado, todos con los ojos irritados, todos magullados, estaban siendo perseguidos por los esbirros (miembros de la Guardia Nacional Bolivariana). Menos un vecino, que se horrorizó porque retenerlos en la propiedad comprometía a todos –¡pero claro!– y era peligroso –¡por supuesto, de salvarlos del peligro a ellos es que se trata!– todos en el edificio se organizaron para buscarle hielo al herido y ungüentos, ofrecerles frutas y agua a los deshidratados, y pensar en qué hacer en las horas siguientes: eran las 6 y media de la tarde.

Pese a que el vecino intransigente volvió por sus fueros y protestó la presencia de aquella veintena de hijos de todos, menos de él, la dama adorable dijo la frase que lo calló: “Se van sobre mi cadáver”. Invitados pues a quedarse a pasar la noche a buen resguardo, algunos de los muchachos, sin embargo, decidieron irse con contactos cercanos que fueron por ellos –no a por ellos–, otros llamaron a sus padres que vinieron desde Catia –esta escena ocurre en el este de Caracas– y el vecino del piso tal se ofreció a llevar hasta Coche y El Valle a seis. Conmovedora lata de sardinas.

Quedaron esa noche dos, no pasaban de los 18 años. Consentidos con sopita, baño y pizza, luego de dormir en el apartamento de otra vecina solidaria, a la mañana siguiente, luego del desayuno compartido, ella, la dama ángel, les ofrece un dinerillo recaudado entre residentes con ganas de ejercer la protección filial. “¿Les alcanza con esto para un taxi hasta su casa?”. Uno de los chamos, de Casalta, de Caracas, de todos, le dijo: “No gracias, mi señora, ya han hecho mucho por nosotros”.

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CRÉDITOS:

Texto: Faitha Nahmens
Fotografía: Indira Rojas