Rabia, odio, tristeza, resignación y lágrimas

Este 19 de abril la oposición de Nicolás Maduro organizó una marcha masiva en todo el país a pesar de las amenazas del Presidente. Las protestas continúan y el número de muertos aumenta. Lorena Tasca decidió dejar Venezuela y vivir en Chile hace tres años y esto es lo que se siente estar lejos del país de nacimiento cuando éste parece caerse a pedazos.
Por Lorena Tasca

¿Cómo se hace para tratar de hacer las labores pendientes y no transformar esta rabia en un odio incalculable?

Eso pregunté hoy, por Twitter. De la nada empecé a llorar, ni sé las razones. Intento descubrirlas todavía. Descubrí que lo que siento, ahora, es odio, mucho.

Odio por ver cómo un presidente baila, ríe y festeja cosas que no existen. Una supuesta revolución, un supuesto pueblo que defendió la patria.

Odio, porque no sé cómo se maneja la rabia a distancia. Porque sé que una puteada a Nicolás Maduro por Twitter, nada soluciona.

Odio sí, ahora es mucho odio. Odio que crece al leer y leer noticias. Odio que pasa a ser tristeza.

Tristeza, muchísima. Porque unos se pelean por justificar una muerte, por decir que el muerto no estaba marchando o que sí. Como sea, lo grave es la bala en la cabeza en medio de una protesta. Lo grave es que seguimos contabilizando muertes, por tiros, en la cabeza.Y eso ya es normal.

Y el muerto de hoy, 19 de abril –supuesto día para celebrar la emancipación de Venezuela– tiene nombre: Carlos José Moreno Barón, 17 años de edad. De presidentes, sólo supo de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Dos ineptos.

Son demasiados los asesinatos. De hoy, de ayer y de casi 20 años de gobierno. El número no se sabe y los nombres ya no se recuerdan.

Tan común se ha vuelto hablar de la muerte, la violencia y la sangre, que un día me descubrí contando con humor las veces que tuve una pistola en la cabeza mientras vivía allá (26 años de mi vida). Uno de los chilenos a los que le contaba, lloró. Y no entendió cómo podía echar esos cuentos sin llorar.

Tanta tristeza que pasa a ser, quizá, un poco de resignación. Porque las veces que me preguntan: “¿Cuánto crees que le tome a tu país recuperarse?” No sé qué responder. Porque estoy consciente que más allá del rollo chavismo-oposición, tenemos problemas más severos. De fondo, de cultura, de educación.

Resignación que se transforma, posiblemente, en lágrimas. Porque por más que trato de desconectarme, de decir que no voy a ver noticias, que no tengo mucho que extrañar de Venezuela, alguna punzada siempre ataca, algo que me remueve y me provoca estar ahí, contando las historias de todos los que aún pelean aunque las comidas ya no sean tres al día.

Rabia, odio, tristeza, resignación, lágrimas. Y unas cuantas cosas más que no sé describir y la escritura no alcanza.

*Esta columna nació de una publicación que realizó Lorena en su muro de Facebook.