Comer de la basura

Yolimer tiene 20 años en el ejercicio del periodismo. Este es el escenario que la acompaña cuando regresa a su hogar a la salida del trabajo.

Por Yolimer Obelmejías

Hoy salí del periódico y me subí a la camioneta que me lleva de regreso a casa. Por alguna razón había cola en la Avenida Urdaneta (en el centro de Caracas, al oeste de la ciudad) y me tocó ver cuando cuatro hombres abrieron bolsas de basura cercanas a la pollera “El Coyuco” y a la pastelería “Kybon”. Ahí, a plena luz del sol, entre las 17:45 y 18:00.

Comían directo de las bolsas, desaforados, sin pudor, sin pena, como si fuera normal. Uno sí, por su aspecto, parecía una persona de la calle, pero el resto vestía bien. Pude ver que uno tenía un carnet con una cinta roja. Lo que me hizo pensar que, quizá, se trataba de un trabajador del Ministerio de Tierras (quienes trabajan en el Gobierno suelen identificarse con un carnet con cintas rojas). Dos tuvieron mucha suerte: el primero encontró pasta y la guardó en una bolsa. El segundo consiguió restos de pollo crudo, la grasa y los huesos. Después del examen de rigor, terminó el festín.

El autobús siguió su trayecto hasta llegar a Las Palmas, cerca del Colegio “La Consolación”, donde se repitió la escena. Esta vez eran cinco hombres. Ya venía bastante triste y en shock con lo que había visto en la Avenida Urdaneta para que 15 minutos después, a los pocos kilómetros, se replicara la situación.

Esta misma imagen la he visto en la Avenida Victoria, en la Roosevelt, en la Fuerzas Armadas y cerca de El Universal. Mis amigos, que trabajan en el este de la capital –en sectores de mejores condiciones económicas– me cuentan que han visto las mismas escenas dantescas. También los que viven en Guatire –estado Miranda, en el interior de Venezuela–, o en Barcelona (al oriente del país) y en Maracaibo (región occidental) por nombrar sólo algunos. Particularmente, no importa cuántas veces la vea siempre se me romperá el corazón.

 


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Créditos

Fotografía: The Photographer