Las marchas en la primera línea de batalla

El autor de esta crónica –que por motivos de seguridad prefiere ampararse bajo un pseudónimo– es un venezolano que ha decidido participar en las protestas siempre en la primera fila con un celular en mano, para dejar constancia mediante imágenes y videos de lo que ocurre.
Por Emilio González

Tensión es el único calificativo que cabe cuando la multitudinaria marcha llega a la barrera puesta por las autoridades en la autopista Francisco Fajardo a la altura de Bello Monte. Suelo estar siempre en la primera línea para ver todo de cerca, para poder grabar todo lo que está pasando.

Camino hasta la barrera y veo a algunos dirigentes exhortando a los guardias nacionales para que permitan el avance de la manifestación, otros ciudadanos espontáneamente hacen lo mismo. La autopista está completamente llena de manifestantes hasta donde la vista alcanza.  Un altavoz informa que debemos despejar la vía, no darán paso y exigen que nos retiremos, los ánimos se caldean y empiezan los insultos, un helicóptero sobrevuela el área y ya todo el mundo lo sabe, en breves minutos comenzará la represión.

Las detonaciones nos obligan a mirar hacia arriba, la estela del humo de las lacrimógenas delata su trayectoria y ayuda a esquivarlas, aunque en un espacio abarrotado lo más que se consigue es que no golpee a alguien en la cabeza.  Un movimiento generalizado de retirada contrasta con el avance de los más jóvenes:  unos cubren sus rostros con franelas que humedecen para aguantar los gases, otros llevan máscaras de gas y lentes, la mayoría cascos y un guante para poder devolver o despejar las lacrimógenas y unos pocos improvisados escudos de MDF o latón pintados con nuestros símbolos patrios, consignas o la misma Constitución.  Ese grupo heterogéneo y sin dirección que se hace llamar “Resistencia” es el que enfrenta las tanquetas, ballenas, bombas lacrimógenas y perdigones. Usan piedras, botellas, gasolina o cualquier cosa que encuentren para arrojar.  Quienes retroceden lo hacen hasta el límite del alcance de las lacrimógenas, allí se quedan apoyando a los que pasan al frente.

 

 

Comienza una actividad frenética, nadie da órdenes y nadie obedece, todos tienen un objetivo común: impedir el avance de los represores y mantener la protesta. En primera línea los más audaces se agrupan tras varios escudos y lanzan piedras a los guardias, las lacrimógenas comienzan a ser lanzadas horizontalmente apuntando a la cabeza y cuerpo de los manifestantes y las consecuencias no se hacen esperar, empiezan a caer heridos.

La solidaridad es conmovedora, los heridos son cargados de inmediato y trasladados hacia atrás hasta encontrar las cuadrillas de voluntarios de primeros auxilios que comienzan a atenderlos, cuando son heridas de gravedad inmediatamente son trasladados en moto por algún voluntario hasta un centro de salud o una ambulancia que esté cerca.  El efecto de los gases también hace estragos, constantemente retroceden jóvenes asfixiados y con los ojos rojos, inmediatamente son  abordados por voluntarios que les rocían Malox y bicarbonato diluido en agua.  En la misma medida que se retiran heridos y asfixiados otros jóvenes pasan al frente y tratan de mantener las posiciones.

El avance de los piquetes de la guardia se hace lento, reciben piedras, algunas molotov y recientemente bolsas o botellas con excremento que poco amenazan a sus equipos antimotines y vehículos blindados. No logran avanzar más rápido por la irreverencia de los jóvenes que mantienen sus cuerpos ahí frente a los blindados, expuestos a las bombas y perdigones, relevándose constantemente, a riesgo de quedar disminuidos o perder la vida.  La Guardia Nacional tendría que hacer una gigantesca masacre para dispersarlos rápidamente, ese riesgo es real, ya arrollaron a un manifestante e intentaron atropellar a otros con las tanquetas en distintas manifestaciones. Pero vuelve la irreverencia, los jóvenes hacen cuerpo a los vehículos blindados, se les acercan, tiran más piedras, pintura, les dan tubazos y en oportunidades los hacen retroceder.

 

 

Tras una hora de escaramuzas levanto la mirada hacia atrás, la autopista sigue llena hasta donde alcanza la vista, la gente retrocede lentamente en la medida que el frente cede espacios, saben que serán dispersados pero lo harán lentamente al ritmo que retroceda la resistencia.

Convicción, coraje, determinación, arrojo y valor es lo que siento en cada joven que veo batiéndose contra una fuerza absolutamente superior, decididos a resistir la represión y desnudar la naturaleza criminal de un régimen que ha abandonado su propia Constitución. En medio de la batalla se oyen distintos gritos: ¡Herido!, ¡Médico!, ¡Escuderos!, ¡Cúbranse! Pero el que más repiten  sin cesar es “¡RESISTAN!”.

 

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CRÉDITOS:

Texto: Aglaia Berlutti
Fotografía: Iván Reyes